Situaciones repentinas, inesperadas que abren un vacío en tu corazón.
Sé que es ley de vida morir, nacemos para algún día morir, lo sé , pero ella estaba tan bien, única en sus sorpresas, hermosa, recuerdo cuando tenía frío, y sus manos siempre calientes me arropaban, su comida rica, de hecho y sin exagerar, la mejor que he probado hasta ahora; siempre atenta, a veces hasta pesada con sus insistencias a la hora de comer, portarnos bien o recoger la habitación.
De pequeña siempre me cantaba una canción al dormir, o se tumbaba conmigo hasta que conciliara el sueño, me abrazaba, y cuando así lo hacía, me tapaba y me daba un beso.
Ella fue la más grande y aunque ya no esté con su cuerpo en la tierra, su alma y presencia siempre estarán en mi corazón, porque nadie muere si hay alguien que lo recuerda.
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