Respeto.

Sí, respeto por el simple hecho de ser personas es lo que merecemos.
Que nunca nadie te lo falte, jamás. Sin respeto, no queda nada.

Hasta luego.

Indignante.

¿Cómo cojones puede pedir calma a un país que esta cagado viendo que tiene que ser ayudado con cifras multimillonarias (que claro, alguien tendrá que devolver más tarde, y con intereses)? Y encima el tío, con toda la cara del mundo, se va luego a ver un partido de fútbol a gastos pagados. NO ME JODAS.


La foto de la zorrimodel.

Nos va la marcha, redíos. Nos gusta, o sea. Nos pone. De lo contrario no estaría circulando ni la décima parte de la bazofia de la que luego nos quejamos. Bazofia gorda y lustrosa, cebada con nuestra propia estupidez. La mayor parte de de los estafadores que conozco-y conozco unos cuantos-basa su negocio en la vanidad, en la lujuria, en la ambición, en la gilipollez de la víctima.
Pensaba en eso el otro día, mirando una foto de una revista donde aparecía, muy suelta y en un pase de modelos, una guarra profesional, de esas cuya bisectriz del ángulo principal-expresado con delicadeza geométrica- es de dominio público. Dicho de otra manera: una de esas lumis que antes se ganaba la vida apoyadas en el quicio de la mancebía, hablándoles a los marineros de tu, y ahora han cambiado la tradicional esquina por el plató de Salsa de Tomate Mariano, o como carajo se llame, y en vez de cobrar cinco mil y la cama aparte, como antes, se calzan a un butbolista, aun torero, a un ex guardia civil reciclado a vivir del morro propio o del de su señora, y luego cobran una pasta horrorosa por glosar en un público las peripecias de su baqueteado chichi.
Resumiendo: putas de moderno nivel.
Total. Que en la foto salía la pájara en cuestión desfilando por una pasarela en plan topmodel que te rilas, oye, la tía con ese garbo y esa gracia natural que tienen nuestras pedorras autóctonas, pisando fuerte y segura de sí, son un modelo de Faemino y Cansado, me parece que era, o de Américo y Vespucci, o algo por el estilo-uno de esos modistos italianos, creo, que luego resulta que son dos y de Palencia-. El caso es que, en la foto, la topmodel las narices estaba puesta tal que así, vamos, con los flashes de los fotógrafos y tal; y alrededor de ella, mirándola embobado, el público. Y a eso voy. Porque era un público femenino, no en plan pijolandio sino compuesto por señoras de cierta edad, vamos, presuntas respetables marujas y alguna marilolis ajenas al ambiente tope fashion; sin duda un viaje en autobús a la capital o algo así, por la tarde a Torrespaña a hacer de público, por la noche pase de modelos cutre. Supongo. El caso es que allí estaban en la foto, todas esas pavas a dos palmos de la zorrimodel; y lo que me pudo la piel de gallina fueron sus expresiones: sus caras irradiando envidia, admiración, felicidad. Se lo juro a ustedes por mis muertos: parecían mi abuela en semana santa, viendo pasar el trono de la Virgen. Aquellas respetables matronas y sus hijas ejemplares, actuales y futuros pilares de la sociedad española, con sus permanentes de peluquería de toda la vida y sus honesta ropa comprada en los almacenes Tal, miraban a la chocholoco de la pasarela transfiguradas de gozo y ternura, como si ésta encarnara-y me juego lo que se tercie a que ahí era-sus sueños más recónditos y húmedos.
Sus ambiciones. Caminar con tacón alto por una pasarela, ser objeto de flashes, salir en la tele. Ser portada del Pronto y el Qué me dices y en qué me cuentas. Guao. En una palabra: triunfar.
Y es que ahí está el punto, supongo. En esas caras significativas de la foto.
En esos culos hechos agua limón. Porque tienen delito. Nos pasamos la vida protestando en la plaza, en la peluquería, sobre hay que ver esto y lo otro, vecina. Adonde vamos a parar. Y luego nos pegamos a la tele como lapas, cloqueando cual gallinas en celo, babeando de gusto cuando vemos en carne mortal a una zorra de papel cuché, ay, bonita, cómo te admiro, un beso, mua, mua, un autótografo, deja que nos hagamos una foto contigo. Las tordas de la foto son las mismas madres que luego disfrazan a sus hijos de Rickismartin y de Madoninitas repelentes y los manda a los concursos de la tele, a que canten, a que bailen, a que consigan los cutres aplausos y la fama que, en el fondo, siempre anhelaron ellas. Esas marujas en el éxtasis, admirando aleladas a una vulgar pedorra, que son símbolo perfecto de lo que tenemos y de lo que merecemos tener.
Por casposos. Por imbéciles.

Arturo Pérez-Reverte

"Ahora es demasiado tarde princesa...

...búscate otro perro que te ladre princesa"

Y lo he buscado, sí, o al menos lo he intentado, pero sin éxito. Más de dos años han pasado y todavía está en mi cabeza. Maldita cobarde, por no arriesgarme a perder, tampoco me arriesgo a ganar. Me rindo, no expreso, no digo, finjo. Hasta mi subconsciente está en mi contra, me recuerda cada noche que debí hacerlo, que debo hacerlo...¿Y no es tarde ya? Me temo que si lo hago me contestará lo que canta el gran Sabina.


"Hace apenas 2 años cuando eras la princesa de la boca de fresa"